— División Noticias LT9
Liliana Colino ingresó a la Fuerza Aérea en 1980. Luego de completar su instrucción, fue destinada al Hospital Aeronáutico Central como enfermera jefe de terapia intensiva y quemados. En abril de 1982, cuando se desató la guerra, supo que podía ser enviada al conflicto, "como es lógico, por ser personal militar, sabía que iba a ser desplegada. Habíamos trabajado en diversas provincias con el hospital reubicable brindando atención primaria de salud", recuerda Colino.
La tarea inicial que le encomendaron fue preparar los insumos médicos para los botiquines de emergencia en los vuelos. Pero pronto llegó una solicitud inesperada: el Hospital Militar de Puerto Argentino, colapsado por la cantidad de heridos, pidió una evacuación masiva de pacientes. En ese momento, le ofrecieron la posibilidad de sumarse a la tripulación de un avión sanitario, "la Fuerza Aérea no me obligó, lo acepté voluntariamente".
El traslado de heridos se realizaba en aviones Hércules, que debían volar al ras del mar y en completo silencio de radio para evitar ser detectados, "el vuelo se hacía de noche, a la madrugada, con bombardeos permanentes. Era un blanco muy fácil porque no llevaba armas, era un avión sanitario".
La misión implicaba un enorme riesgo rememora, "cuando llegaba a Puerto Argentino, el Hércules carretea permanentemente porque, al ser un avión tan pesado, necesita mucha pista para operar. Eso lo convierte en un blanco fácil para el bombardeo".
A pesar del tiempo transcurrido, el impacto de Malvinas sigue latente en su vida, "un psiquiatra me dijo que bloqueé todo y por eso tengo una inmunodeficiencia. Me tengo que dar inmunoglobulinas todos los meses". Las secuelas también se manifiestan en su descanso: "No sueño. Me despierto en blanco, como cuando me acosté".
Sin embargo, a pesar del dolor, Colino rescata algo fundamental: "Aprendí la importancia del compañerismo. Uno depende del otro las 24 horas. La vida es hoy y hay que vivirla hoy".
Durante la guerra, Colino cuenta que atendió a pilotos británicos capturados, "ellos son atentos, cordiales. Para ellos, esta guerra fue un trabajo. No le ponen el fervor patriótico que pusieron nuestros soldados". Años después, tuvo un encuentro con una enfermera británica del buque hospital Uganda, "nos reunimos en Buenos Aires, junto con familiares de caídos ingleses. Fue una charla cordial. En realidad, la población británica no tiene interés en la guerra de Malvinas"
Para Colino, la sociedad argentina modificó su vínculo con la guerra y con la importancia de mantener activa la memoria, "antes, la derrota fue una herida demasiado profunda. La gente no se animaba a hablar. Pero hoy las escuelas muestran mucho interés, los docentes preparan a los alumnos, y cada vez más gente se acerca a escuchar".
A 43 años de la guerra, Liliana Colino sigue compartiendo su historia. Su testimonio es una caricia al alma y un recordatorio de que, más allá de la guerra, el valor y el compañerismo son eternos.
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